Maria Pau Ginebra, directora de la División de Biomateriales de CREB UPC

“Imprimir prótesis en 3D e dentro del quirófano es uno de nues­­­­­­tros retos”

“Los doctorados en empresas son el instrumento más acertado para relacionar al sector productivo con la investigación universitaria”

“Las mujeres necesitamos más medidas para poder conciliar la ac­­­­­­­­­tividad investigadora con la familia”

El uso de biomateriales para la regeneración ósea es, resumido en un titular, el eje sobre el que pivota el trabajo de investigación de Maria Pau Ginebra. Licenciada en Físicas por la UAB, se interesó por la aplicación del conocimiento en el campo de los materiales, lo que le llevó a realizar su tesis en el ámbito de la ingeniería en la UPC. Tras una larga trayectoria de investigación, es catedrática en el Departamento de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la UPC. Su trabajo, al frente de la División de biomateriales del CREB, la condujo hace cinco años a crear una spin-off desde la que aplicar el conocimiento acumulado. Hace unos meses quedó finalista en el Premio Europeo a la Mujer Innovadora, y acaba de registrar su décima patente.

– Mi formación en origen, la Física Fundamental, estaba bastante alejada de la aplicación, pero siempre me atrajo el mundo de los materiales. Por eso me animé a hacer la tesis en la UPC, con el profesor Planell, que dirigía un grupo de investigación sobre biomateriales. Esa conexión entre los materiales y la salud me atrajo, y ha marcado el desarrollo de mi carrera.

El éxito de esa carrera lo marcan los reconocimientos que ha logrado, como la Medalla Narcís Monturiol en 2012 y el Premio Racquel LeGeros un año después. Y, claro, toda la labor de investigación, recogida en más de 150 artículos en revistas internacionales de alto impacto y en diez patentes.

– De la UPC me llamaba la atención el que, ya en los años 90, era una de las únicas universidades con un departamento de patentes y un programa definido para transferir el conocimiento a productos. Con mi tesis doctoral ya pude registrar la primera patente, y esta posibilidad de aplicar los conocimientos me atrajo mucho. A lo largo de estos años he podido compatibilizar los artículos con el desarrollo y el registro de patentes. Los profesores universitarios vivimos en una situación algo esquizofrénica, ya que se nos evalúa a través de las publicaciones científicas, y no es fácil compatibilizar ambas tareas.

Tampoco resulta sencillo compatibilizar la ciencia con la conciliación familiar. El porcentaje de mujeres en la carrera investigadora sufre el “efecto tijera”: Ellas son mayoría en los grados y postgrados, pero la proporción se invierte en las siguientes fases, y se reduce a una proporción muy baja en el caso de directoras de grupos y/o centros.

– Las mujeres necesitamos más medidas para poder conciliar la actividad investigadora con la familia. Las mujeres que tenemos hijos no estamos en igualdad de condiciones que los hombres. Existe la posibilidad de establecer cupos en las plazas, pero a mí no me parece la mejor idea, parecen premios de consolación. Prefiero medidas como flexibilizar horarios, o concentrar el trabajo en la investigación de las mujeres que se reincorporan liberándolas de la docencia de manera temporal, como ocurre en la UPC. Y quizás hagan falta también acciones de visibilización para presentar modelos, casos de mujeres que han alcanzado el éxito en la carrera investigadora a pesar de partir con desventaja.

En relación con eso, otro problema, este para hombres y mujeres, son las bajas vocaciones en las carreras del ámbito de las Ciencias, Tecnología, Matemáticas, Ingenierías (STEM en el acrónimo en inglés).

– Esto tiene que ver, en parte, con la cultural del esfuerzo. A veces los jóvenes no están dispuestos a afrontar unos estudios que son difíciles. Necesitamos hacer atractivas estas titulaciones, presentando modelos que se alejen del arquetipo friki que se asocia a quienes las cursan. Es un tema urgente, que afecta a las chicas en gran medida, pero también a los chicos.

Uno de los talones de Aquiles del sistema de ciencia y tecnología es la gestión de los proyectos y las ayudas, la burocracia ¿Es tan grave el problema?

– Es brutal. Y se toma conciencia cuando se viaja por Europa y ves cómo funciona la gestión en otros países. La pregunta de si merece la pena me la he hecho muchas veces, porque en ocasiones tengo la impresión de que me paso el día gestionando y que no puedo investigar. Hay mucha burocracia en las convocatorias, y tenemos poco personal de soporte para este tipo de tareas.

¿Dónde tienen mejor resuelto este asunto?

– Los países del Norte son ejemplares. Holanda, por ejemplo, donde son muy pragmáticos, han conseguido reducir la carga de gestión, y disponen de recursos humanos especializados. Y también Irlanda, donde han invertido mucho, pero a cambio han obtenido importantes recursos de convocatorias como las del ERC. Tienen a gente muy preparada a nivel técnico para acompañar las propuestas científicas.

Los centros tecnológicos se recuperan de la crisis ¿Lo hacen mejor de lo que la afrontaron respecto a su relación con el sector productivo?

– Han sido años muy difíciles, y aún padecemos una ausencia de cultura de la innovación, pero se nota un cambio en las empresas. En este sentido, me parece muy positivo el papel que están jugando los doctorados industriales. Son la semilla que permiten establecer un vínculo entre universidad y empresa. Y hacen posible el que las industrias incorporen doctores. En nuestro grupo tenemos a dos personas haciendo estos programas. Son el instrumento acertado para relacionar al sector productivo con la investigación universitaria.

Su participación en el Premio a la Mujer Europea Innovadora, donde quedó finalista, le ha permitido evaluar el trabajo llevado a cabo a través de Mimetis la empresa surgida de sus investigaciones, dedicada al diseño de implantes óseos personalizados, que ya cuenta con un producto en el mercado.

 – Ha sido una experiencia muy interesante. Me ha dado la oportunidad de relacionarme con otras mujeres que están en las mismas circunstancias que yo en otros lugares de Europa. Pero también me ha servido someterme a la valoración del premio, que se organizaba en torno a cuatro ámbitos: Originalidad del proyecto, impacto económico, impacto social y liderazgo de la mujer que encabeza la iniciativa. Ha sido un buen ejercicio de autoanálisis que ha resultado muy interesante.

La creación de su empresa, spin off surgida de los proyectos de investigación desarrollados en la UPC, supuso un hito en su carrera, y completar el recorrido de la transferencia de conocimiento.

– Pusimos en marcha Mimetis en octubre de 2013. Fuimos dos profesores y dos doctorandos. Nos animamos porque llevábamos trabajando más de 15 años con un tipo de materiales concreto que había cristalizado en varias patentes, algunas de ellas licenciadas a terceros para su explotación. Éramos las personas adecuadas en la coyuntura necesaria, y nos lanzamos. En cinco años hemos crecido, con ocho empleados, una facturación de 200.000 euros en 2016 y un producto en el mercado: MimetikOss, el primer injerto óseo sintético biomimético.

La actividad del sector sanitario está sometida a una regulación que la hace especial y que determina buena parte del trabajo en las primeras fases de desarrollo de productos y servicios.

– Cuando empiezas eres muy ingenuo. Cumplir con lo dispuesto en la normativa es muy costoso en tiempo y en dinero, y esa es la primera barrera que hay que superar. En 2016 sacamos el primer producto al mercado, y ese fue el primer gran hito alcanzado. Ahora afrontamos otro reto: Conseguir injertos personalizados para cada paciente utilizando la tecnología de impresión 3D.

En julio han puesto en marcha una ronda de financiación a través de crowdfunding.

– Es una ronda puente de financiación para conseguir 120.000 euros. Acabamos de empezar, así que no podemos decir cómo va, pero somos optimistas.

¿En qué están ahora? ¿Cuáles son los próximos retos de su actividad investigadora?

– Estamos trabajando en el diseño de implantes óseos personalizados para cada paciente. El objetivo es hacerlo a medida y de forma rápida, a través de una tecnología que utiliza un material muy parecido al propio hueso del paciente, lo que facilita su integración. Y la clave está en la estructura interna de los implantes. Determinar la estructura que viene mejor en cada caso es lo que investigamos ahora. Si sale bien, las posibilidades son tremendas. Imprimir prótesis en 3D dentro del quirófano es uno de nuestros retos. Estamos trabajando con materiales que se endurecen a temperatura ambiente, de manera que podría fabricarse el implante al momento, en el propio quirófano, durante las intervenciones. Y eso sería revolucionario.

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