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Internacionalizar la innovación

La internacionalización y la innovación forman un binomio sobre el que se asienta el crecimiento de la mayoría de empresas de éxito. La globalización económica está empujando a todos los actores del sistema productivo a extender su actividad en nuevos ámbitos, creando alianzas transnacionales y ofreciendo posibilidades para explotar sus ventajas competitivas en nuevos mercados.

En esos procesos se hacen indispensables los acuerdos y las alianzas, a las que es preciso dedicar recursos que permitan, entre otras cosas, la localización de socios, la negociación y el correcto desarrollo de los convenios.

El concepto de innovación abierta, del que hemos hablado en una entrada anterior, apunta en la misma dirección, como ha puesto de manifiesto Henry W. Chesbrough en su libro del mismo título: “En muchas industrias actuales, la lógica que respalda una estrategia de I+D centralizada y orientada internamente se ha vuelto obsoleta. El conocimiento útil se encuentra disperso entre muchas industrias, y las ideas deben ser utilizadas con prontitud si uno no desea perderlas”.

Para una multinacional o una gran empresa que opera en mercados globales, la innovación internacionalizada forma parte de su propia filosofía de trabajo. Pero ¿qué ocurre con las pequeñas y medianas empresas?

Existen fórmulas para facilitar el acceso de las pymes a esta realidad global desde iniciativas de organismos propios como el ICEX, el CDTI, las Cámaras de Comercio, entre ellas la Cambra de Comerç de Barcelona, y de agencias como ACCIÓ. Las oportunidades pueden surgir a través de procesos más cotidianos, como la presencia y asistencia a ferias sectoriales, la participación en misiones comerciales, la información especializada en prensa o los contactos surgidos a través de proveedores, distribuidores y clientes.

Hace unos días CIT UPC ha tenido la oportunidad de participar en un evento organizado por FEDIT y el ICEX con esta orientación: la Jornada Tecnológica España-Perú,Cooperación para la Innovación en energía, sostenibilidad, y recuperación y comercialización de residuos industriales”,celebrada en Lima el 2 de diciembre. Allí pudimos presentar a empresas peruanas del sector de la energía, el medio ambiente, la sostenibilidad y el cambio climático, algunas de nuestras capacidades en estos ámbitos. Gestión y tratamiento del agua, sistemas para la reducción de los costes energéticos de los procesos industriales y tecnologías relacionadas con la acústica y la vibración, fueron algunos de los desarrollos tecnológicos y proyectos que presentamos.

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La experiencia ha resultado muy positiva porque existen oportunidades reales de colaboración y de puesta en valor de nuestras potencialidades tecnológicas en mercados con un alto grado de expansión, en el que las empresas locales necesitan adquirir tecnologías innovadoras con las que hacer frente a nuevos requerimientos y resolver los retos asociados al crecimiento, pero también a nuevas normativas, a demandas más complejas y costosas, y a la competencia de otras empresas que cuentan con ventajas competitivas.

Para un centro tecnológico como CIT UPC, la perspectiva de poder contribuir a través de la innovación al desarrollo de países en crecimiento como Perú es un reto que pasa también no sólo por la colaboración con las empresas, sino también con los centros tecnológicos, universidades y centros de investigación peruanos para sumar esfuerzos y establecer vínculos estables empresa-universidad en los que todos ganemos.

Es un reto y una oportunidad, y al igual que ocurre en el terreno empresarial, la internacionalización nos aporta nuevos espacios de crecimiento y de mejora, donde el conocimiento y su transferencia multiplican su valor y contribuyen a expandir los valores en los que se basa nuestra actividad: la eficiencia y la sostenibilidad.

Ventajas de la innovación colaborativa Universidad-Empresa

En las últimas décadas se han acuñado nuevas derivadas sobre la innovación, que hacen referencia a la necesidad de extender los procesos que aportan valor, a través de nuevos productos y servicios. Frente al modelo tradicional de sistemas estancos y poco participativos, donde los acuerdos se miran con recelo y el miedo a la deslealtad pesa más que las posibilidades de asociarse, en el siglo XXI se ha impuesto la innovación colaborativa, en la que los agentes del sistema (empresas, universidades, centros tecnológicos, organismos públicos de investigación, parques científicos, clusters…) suman esfuerzos para desarrollar proyectos más ambiciosos, más complejos y competitivos, en los que se suman las capacidades y se multiplica el valor.

La innovación es compleja, pero de su éxito depende, en muchos casos, el futuro de las empresas, a medio y largo plazo. Es cara, porque las inversiones requieren de personal altamente cualificado y de equipos costosos, cuyo manejo y optimización requiere especiales destrezas. Es a largo plazo, porque necesita tiempo para ofrecer resultados fiables y probados. Y es incierta, ya que por la propia naturaleza del proceso, no siempre culmina en éxito.

Con semejantes argumentos, podría pensarse que la innovación solo está destinada a las grandes corporaciones, capaces de crear, gestionar y financiar departamentos de I+D propios. Pero, afortunadamente, no es así.

Todas las organizaciones tienen la necesidad de mejorar constantemente para desarrollar nuevos productos, ofrecer mejores servicios y organizar, de manera más eficiente, los procesos de producción y distribución. Y para ello, cada vez con mayor frecuencia, recurren a socios como los centros tecnológicos, que en España están organizados en torno a Fedit y a nivel europeo en EARTO.

La colaboración con estos centros permite a las empresas encargar proyectos a medida, diseñados para cubrir sus necesidades específicas, beneficiándose del conocimiento y de la experiencia de personal experto y cualificado, y accediendo a equipamientos que no podrían permitirse por sí mismas.

En el caso de organizaciones como el Centro de Innovación y Tecnología de la Universidad Politécnica de Catalunya (CIT UPC), que agrupa a 18 Centros punteros en investigación y transferencia de tecnología de la UPC, con más de 370 investigadores, la oferta es multidisciplinar, y proviene del conocimiento y de los resultados generados en la investigación universitaria, lo que permite abordar retos tecnológicos complejos, desde planteamientos transversales, en los que distintas tecnologías son complementarias.

De esta forma, las empresas acuden a los centros tecnológicos con necesidades diversas, como el análisis o diseño de nuevos materiales, la mejora de dispositivos que ya existen o el desarrollo de otros nuevos, modificaciones en el uso de equipamiento con el que trabajan, pruebas para determinados productos o parte de ellos en situaciones especiales… Mejorar lo que hacen, y hacerlo de manera fiable, personalizada, segura y económicamente ajustada.

Se pueden exponer muchos más ejemplos de los que podemos imaginar. Desde soluciones para start ups en fases iniciales a Pymes que quieren crecer y asumir nuevos retos, o a consorcios de varias empresas que se unen para abordar proyectos de gran envergadura.

A los beneficios propios de una alianza de ese tipo, circunscrita a acciones concretas, se unen otros derivados del hecho de que esa relación se prolongue más allá del corto plazo. Por citar algunos de los más importantes:

  • El acceso a conocimiento tecnológico diferencial.
  • La relación preferencial con redes nacionales e internacionales expertas en innovación, y la participación prioritaria en convocatorias de financiación pública.
  • La mejora de la imagen y del perfil innovador de la marca.
  • La respuesta a necesidades de compromiso social y ético, a través de programas de Responsabilidad Social Corporativa.

Y para completar las ventajas, conviene recordar las deducciones fiscales, por ejemplo, en el Impuesto de Sociedades para las actividades de I+D, que llegan hasta el 25% de los gastos relativos a colaboraciones externas, como las que se desarrollan con los centros tecnológicos.

El proceso, a partir de un escenario complejo, y a través de la oportunidad de colaborar con socios tecnológicos de referencia, puede resumirse en la sabiduría de un proverbio africano, que encaja perfectamente con la filosofía y los valores de la innovación colaborativa:

“Si quieres llegar rápido, camina solo. Si quieres llegar lejos, camina en grupo”.

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