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El valor real de la sostenibilidad energética

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Andreas Sumper. Profesor e Investigador. CITCEA UPC.

Cualquier actividad humana lleva asociada el concepto de sostenibilidad. Este concepto está íntimamente relacionado con los recursos y con el uso que hacemos de los mismos; dichos recursos pueden ser naturales, humanos, económicos, sociales, etc, y puesto que para realizar cualquier actividad es necesario consumir cierta cantidad de recursos, el conflicto surgirá inevitablemente si estos no se reponen a la misma velocidad a la que son consumidos. De hecho, el desequilibrio entre el uso de los recursos y su capacidad de regeneración es paralelo a la historia misma de la humanidad.

La sostenibilidad energética implica un esfuerzo conjunto de la industria y de los responsables políticos, que deben establecer estrategias y políticas que hagan posible la necesaria transformación del sistema energético para apoyar un desarrollo económico y social sostenible. La propia sostenibilidad energética evalúa cómo se equilibran las tres metas intrínsecas de la misma, que son: la seguridad energética, la equidad de energía y la sostenibilidad medioambiental, lo que el Consejo Mundial de Energía (World Energy Council – WEC-) define como ‘Trilema energético’.

La sostenibilidad, y en particular la sostenibilidad energética, se ha tratado en los últimos años por parte de la industria como un tema medioambiental, relacionado con una presión legislativa debido a la iniciativa política de reducir el impacto medioambiental. Dicha sostenibilidad se entiende como un marco necesario para poder operar y crear productos tradicionales. Lentamente, la industria se va dando cuenta de que el ahorro energético puede llegar a hacer más competitivos los procesos industriales. Pero hay que ir más lejos: hace falta redefinir el rol de la energía en la sociedad de conocimiento a través de la sostenibilidad. La digitalización de los procesos operativos facilita una cantidad de datos e información que permite a todos los implicados en el ciclo de vida de un producto conocer los procesos de producción. Esa trazabilidad proporciona poder al consumidor, que se interesa por un producto que no solo satisface sus necesidades, sino que también respeta el estilo de vida del individuo. Así, es el propio individuo el que tiene el poder de decidir sobre el producto que compra y poder pagar un diferencial por el producto que se adapte mejor a su filosofía de vida. El legislador ya no es intermediario para crear leyes ambientales en el bien común; será el propio consumidor el que elija el producto que además de cumplir los estándares mínimos, tendrá un plus de sostenibilidad. Esto hace que se cree un nuevo ecosistema, con servicios y productos diferenciados y nuevos y con más margen de beneficio. De allí el interés por una economía circular. Por ello, la sostenibilidad energética crea nuevos modelos de negocio y serán las empresas energéticas que sean capaces de adaptarse a este nuevo marco las que triunfarán en el mercado.

Y, por último, un factor clave para conseguir la sostenibilidad energética será la utilización de los recursos de energías renovables, disponibles localmente y distribuidos. La energía eléctrica es un vector esencial para conseguir una transición a una sociedad con bajas emisiones de CO2, ya que la mayoría de las tecnologías de renovables generan electricidad.

Andreas Sumper. Profesor e Investigador
CITCEA UPC

Artículo publicado en la revista “Automática e Instrumentación”, noviembre-diciembre 2016

A río revuelto… ganancia de eléctricas

Alvaro Ok

Dr. Álvaro Luna

Aunque los vientos de cambio indicaban que el siguiente gobierno la derogaría, y que por tanto no llegaría a aplicarse, finalmente llegó el pasado 8 de abril, la fecha para el fin de la moratoria de seis meses que establece el Real Decreto 900/2015 por el cual se regulan las condiciones administrativas, técnicas y económicas de las modalidades de suministro de energía eléctrica y de producción en la modalidad de autoconsumo. Esta fue la última bomba de la anterior legislatura caracterizada por el marcaje hostil a las energías renovables. Y es que ya lo dice el refrán: ‘a río revuelto ganancia de pescadores’… en este caso de las eléctricas.

El decreto de autoconsumo, que fue calificado por la Comisión Nacional de la Energía como «discriminatorio» para las energías renovables, ha logrado no solo condicionar la instalación de nuevos sistemas de autoconsumo, sino también actuar con carácter retroactivo, haciendo que instalaciones de autoconsumo ya legales tengan que pasar de nuevo por el trámite de la regularización, asumiendo los consecuentes costes administrativos y los derivados de los cambios necesarios relacionados con la instalación; por no sumar también a todas estas consecuencias la capacidad de generar temor y frenar iniciativas que significó un borrador que ha planeado sobre el sector desde el 2013.

LA ARENA DEL RELOJ

Por tanto, para todos aquellos que contaban con instalaciones de este tipo y tenían puestas sus esperanzas de cambio en alguno de los partidos políticos que ahora conforman el arco parlamentario, se les acabó la arena del reloj hace ya unas semanas, o quizá meses, porque están siendo testigos de que en la arena política las energías renovables no son más que una foto en una cumbre mundial o cuatro tuits mal contados en el día de ‘La hora del planeta’.

El déficit de las renovables es la coletilla más manida para justificar el decreto por el que se grava la producción por renovables, aunque esta no se vierta a la red eléctrica. A dicho gravamen se le conoce como ‘impuesto al sol’, dada su mayor afectación al sector fotovoltaico. Esta es la fórmula que han defendido las grandes compañías eléctricas para compensar lo que se deja de consumir, admitiendo sin tapujos que ya cobran por ese concepto en el término fijo de potencia en la factura. De modo que, en función de ese argumento, ahorrar un vatio por autoconsumo o por comprar luces de bajo consumo tiene tratamiento diferente.

Así, a día de hoy, en nuestro país el que quiere adquirir electrodomésticos más eficientes o cambiar bombillas por ‘leds’, solo tiene que ir a la tienda y comprarlos, algo que a todas luces aconsejo a todo el mundo por responsabilidad social. En cambio, si apuesta por una instalación en la modalidad de autoconsumo, deberá obtener una memoria de la instalación por parte de una empresa instaladora acreditada; solicitar a la compañía un punto de conexión; obtener un estudio técnico de ese punto de conexión; contratar y costear las tareas de adecuación de la línea, y obtener los permisos de instalación pertinentes, el final de obra, el boletín del instalador, la declaración de responsabilidad y solicitud de inscripción en el registro…, toda una aventura burocrática.

Si bien es cierto que las renovables cubren a nivel estatal alrededor del 37% de la demanda, también lo es que cerca del 30% de esta proviene de centrales hidráulicas, las cuales han de jugar con el difícil equilibrio entre el uso social y energético del agua. Por esta razón, un país que no cuenta con recursos energéticos propios y que, debido a su situación geográfica, padece un bajo nivel de interconexión con otros países, no puede renunciar a optimizar la producción de energías renovables. Como tampoco puede renunciar al autoconsumo, que convierte al usuario final de la energía en un elemento activo y, por lo tanto, más consciente energéticamente en todos los sentidos.

BAJADA DE COSTES

A pesar de todo, estoy convencido de que, tras el real decreto, el autoconsumo basado en las renovables seguirá vivo. Sucederá algo parecido a lo que ocurrió tras la retirada de las primas del 2007, con las que se produjo un parón importante en la instalación de kilovatios renovables, que luego se reactivaría con la progresiva bajada de los costes. Siguiendo una lógica similar, en unos años el ‘impuesto al sol’ condicionará menos la amortización del autoconsumo, debido sobre todo a la bajada constante del precio de los paneles fotovoltaicos y de los sistemas electrónicos necesarios para su conexión.

Hasta entonces, las empresas nacionales tendrán que seguir mirando a otros países donde consideran que este sector sí es estratégico, haciendo para ello grandes esfuerzos por no perder una carrera tecnológica en la que algunos países nos sacan, desde hace tiempo, unas cuantas cabezas.

Dr. Álvaro Luna
Investigador de SEER UPC y Profesor del Campus de Terrassa,
Universitat Politècnica de Catalunya (UPC)

Publicado el viernes, 29 de abril de 2016 en El Periódico de Catalunya