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¿Cómo funciona la transferencia de tecnología?

Larriba

Dr Josep Lluís Larriba-Pey, director de Data Management Group (DAMA UPC)

La transferencia de conocimiento y de tecnología de la universidad a la empresa, cada vez más aclamada, se puede hacer creando empresas spin-off de base tecnológica a partir del conocimiento generado en la universidad, generando patentes y vendiéndolas a compañías interesadas, o vendiendo tiempo de las personas que tienen conocimiento a las empresas que quieren innovar. Mientras que las dos primeras se crean a partir de conocimiento financiado con fondos de la universidad (profesores de plantilla o becarios de investigación) o públicos (becas o proyectos), la tercera se genera con fondos privados. Por tanto, las dos primeras generan conocimiento que pertenece a la universidad y en la tercera el conocimiento pertenece por contrato mayoritariamente a la empresa que paga la investigación. Las dos primeras generan conocimiento que se publica (artículos científicos y patentes) y que tiene sus vías de reconocimiento.

La tercera vía, donde una empresa contrata la universidad para generar conocimiento, normalmente lleva a no obtener publicaciones y, por tanto, es secreto empresarial. Es muy difícil que este tipo de conocimiento genere artículos científicos y, consecuentemente, reconocimiento para los investigadores. Sin embargo, al igual que las otras vías de transferencia, este tipo de relación genera un conjunto de beneficios para la universidad. Primero, el know-how que adquieren los profesores o las personas contratadas, y que pasa a engrosar el músculo de la universidad. Segundo, la relación con la empresa, que si está satisfecha con el trabajo hecho, tendrá continuidad. Tercero, el currículum para el grupo de investigación, que generará confianza en el entorno y permitirá obtener colaboraciones con otras empresas. Finalmente, los ingresos que la universidad recibirá por esta actividad.

Los beneficios mencionados resaltan diferentes aspectos. Hay personas contratadas que adquieren conocimient o mediante los proyectos y éste pasa a ser parte del valor y potencial de la universidad. Si estas personas no obtienen nuevos contratos acabarán marchando (habitualmente al extranjero) y su know-how se perderá para siempre, y no necesariamente en beneficio de ninguna empresa del país donde se ha invertido para formarlas. Lo han vivido, durante la crisis, muchos grupos de investigación que, con el descenso de contratos, se han descapitalizado de conocimiento, cosa traumática para el país.

Convendría que desde la administración se encontraran las vías para dar estabilidad laboral a las personas que tienen y generan el conocimiento, porque nos da mucha fuerza a la universidad y es el único valor permanente para el futuro. También convendría mejorar el reconocimiento de los investigadores que trabajan en proyectos de alto valor añadido y que tienen difícil publicar artículos científicos. Finalmente, habría que concienciar a muchas universidades y administraciones públicas de los grandes beneficios que esta actividad reporta.

La transferencia de tecnología debería ser mucho más valorada socialmente, para que los investigadores se sientan atraídos a emprender proyectos ambiciosos con empresas sobre retos científicos y tecnológicos significativos, muy apreciados en países líderes. En la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) los investigadores trabajamos muy cerca de las empresas haciendo que el tejido industrial crezca de forma continuada y está dando muy buenos resultados.

Dr Josep Lluís Larriba-Pey director de DAMA UPC, miembro del Centro Tecnológic de la Politécnica, escrito con 19 directores de centros de la UPC

Publicado en El Punt Avui-L’Econòmic el 25/10/2015

Organizar el caos tiene premio

Para obtener el éxito en los procesos de innovación, como en el resto de actividades, es fundamental la organización. Contar con la información (datos) necesarios para establecer prioridades, planificar, gestionar el tiempo y los recursos y tomar decisiones correctas son parte del proceso. Quizás por eso la Comisión Europea, a través de su Centro Común de Investigación (JRC) haya premiado como pyme más innovadora a una empresa de Barcelona que trabaja explorando el caos de los datos masivos.

Sparsity es una spin-off creada en 2010 por miembros del grupo de investigación Data Management Group (DAMA UPC), integrado en CIT UPC. Bajo la dirección de Josep Lluis Larriba, director también de DAMA, la empresa se ha especializado en la gestión de grandes volúmenes de información cuya gestión se complica por estar dispersos (sparsity, en inglés, de ahí su nombre). Para obtener las respuestas a cuestiones muy complejas a través de sistemas relacionales el tiempo empleado puede ser excesivo, superior al estimado para resolver el problema que quiere solucionarse. Sparsity es capaz de explorar con éxito ese caos para, por ejemplo, gestionar la movilidad en grandes ciudades en las que la optimización de los desplazamientos de automóviles privados, transporte público y peatones puede suponer un importante ahorro de tiempo y recursos.

Josep-Lluis-Larriba-Pey-Sparsity-1-web

El tipo de operaciones de cálculo que lleva a cabo Sparsity puede aplicarse a casi cualquier campo. Por ejemplo, está siendo usado para detectar a los usuarios más influyentes en Twitter y organizar públicos con perfiles de interés en función de temas, ubicaciones, etc. También trabajan en la monitorización de compraventa de viviendas, usando patrones que permitan detectar operaciones fraudulentas, e incluso en el análisis del ecommerce, detectando oportunidades en función del comportamiento de los usuarios.

Hace unos meses la Comisión Europea evaluó 279 proyectos relacionados con las TIC que habían recibido fondos europeos a través del VII Programa Marco y del Programa Marco de Competitividad. El objetivo era comprobar cómo se habían desarrollado esos proyectos e identificar el potencial innovador de empresas e instituciones. Sparsity resultó elegida como la pyme más innovadora, y Barcelona como el mayor centro de innovación en el ámbito de las TIC de toda Europa, por delante de Londres y París.

En el nuevo escenario global, las oportunidades de negocio están girando a gran velocidad, y el valor pasa de las operaciones relacionadas con las materias primas y las propiedades inmobiliarias a la economía del conocimiento. La base de buena parte del comercio internacional no está solo en los productos y servicios que se ofertan, sino en cómo se venden y gestionan. Por eso las empresas TIC están desplazando a las multinacionales de la energía, la producción y el consumo de masas en los índices selectivos de los mercados internacionales.

En CIT UPC estamos orgullosos de Sparsity y de quienes forman parte de esta iniciativa. Investigadores universitarios que han apostado por desarrollar sus proyectos de innovación en el mercado, ofreciendo soluciones de alto valor añadido a otras empresas y organismos. El galardón de la Comisión Europea indica que estamos en el camino correcto, y que la aplicación del conocimiento científico y tecnológico es una de las claves para la mejora de la competitividad empresarial.

La organización del desorden tiene premio, y confirma lo que dijo José Saramago en El hombre duplicado: “El caos es un orden sin descifrar”.

PD. La Comisión Europea ha convocado el primer premio Innovation Radar que reconoce las iniciativas más prometedoras de proyectos financiados por la UE. Si quieres apoyar la candidatura de Sparsity puedes votar aquí.