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“Luz, más luz”

Las últimas palabras que supuestamente pronunció uno de los padres del romanticismo, el alemán Goethe, me permiten introducir uno de los trabajos en los que he participado como investigadora del Centro de Investigación en Ingeniería Biomédica de la Universitat Politècnica de Catalunya (CREB, CIT UPC).

Iluminar un quirófano es algo complejo, y parece razonable que así sea. Pero los cirujanos demandan mejoras no solo en su instrumental y en las técnicas que utilizan, sino en los espacios donde tiene lugar su trabajo.

Retrat-Alicia-Casal

Alicia Casals, CREB UPC

Movido por esa necesidad, el doctor Enric Laporte, un destacado cirujano con un sobresaliente historial de más de 20 años en varios hospitales de Cataluña, se dirigió a los investigadores de CREB para plantearnos un reto: ¿Seríamos capaces de crear un sistema que mejorara la instalación lumínica de los quirófanos de aquel momento?

Se trataba de trabajar en un nuevo sistema más eficiente a partir ciertos requerimientos que nos planteaba el cirujano. Hacían falta distintos tipos de luces, que pudieran enfocar a diferentes puntos en cada momento, con capacidad para adaptarse a las necesidades en la mesa de operaciones de manera que se iluminara en cada momento la zona de interés y con la intensidad necesaria, y que pudieran utilizarse de forma sencilla.

Lo primero que hicimos fue una plataforma formando una matriz de lámparas. El prototipo inicial que evaluamos a fondo fue una gran plataforma en el techo llena de luces halógenas, para poder controlar en cada momento el o los grupos de lámparas que permitían iluminar la zona o zonas de interés.

Trabajamos en un segundo prototipo para mejorar la orientación de todas las luces. Construimos un modelo más pequeño, ya con tecnología LED. Era una plataforma de techo con filas de luces que podían girar e iluminar de la cabeza a los pies del paciente. Para facilitar el control, desarrollamos un mando tipo lápiz que indicaba la zona, orientación e intensidad de luz y que podría utilizar el propio cirujano.

Estos trabajos nos llevaron varios años, en los que colaboramos de forma muy estrecha con el Consorcio Corporación Sanitaria Parc Taulí. El resultado fue un nuevo modelo industrial con módulos de varios leds orientables y regulables en intensidad.

Prototip industrial

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Hemos seguido desarrollando nuevas mejoras, ya con la participación en el consorcio de empresas especializadas, como son Telstar y Luxiona. En esta fase se planteó la conveniencia de hacer la lámpara compatible con un sistema de flujo laminar que barre hacia el suelo todas las impurezas que están flotando en el aire. Y esta última versión del sistema de iluminación ya está disponible en el mercado y ha sido presentada a nivel internacional.

Este es un buen ejemplo de colaboración entre universidad y empresa. La innovación tecnológica requiere personal especializado, medios costosos, y mucho tiempo. Muchas empresas, la mayoría, no disponen de ello, y eso es precisamente lo que les brindamos nosotros.

Poner la ciencia y la tecnología al servicio del sector productivo es un reto que nos anima a superarnos, y también la posibilidad de colaborar a poner en marcha nuevos productos y servicios que generan riqueza y empleo en nuestro entorno.

 

Alícia Casals

Directora de la División de Robótica
del Centro de Investigación en Ingeniería Biomédica (CREB UPC)

Breve biografía

Alícia Casals es Ingeniera Industrial y doctora en Informática por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC). Desde 1991 es catedrática de Arquitectura y Tecnología de Computadores en el departamento de Ingeniería de Sistemas, Automática e Informática Industrial, en la Facultad de Informática de la UPC. Dirige la División de Robótica del Centro de Investigación en Ingeniería Biomédica (CREB UPC), miembro de CIT UPC.

Su investigación se centra principalmente en Robótica inteligente con aplicaciones médicas desarrollando proyectos y prototipos de sistemas robotizados de ayuda a discapacitados y en intervenciones quirúrgicas. Ha sido jefe del programa de Robótica del Instituto de Bioingeniería de Catalunya. Es miembro del Institut d’Estudios Catalans y vicepresidenta de la Sección de Ciencias de esta institución.

En 1987 recibió el Premio al Invento más Social de Mundo Electrónico, en 1992 el Premio Internacional de Tecnología Barcelona92, en 1996 el Premio Ciudad de Barcelona y en 1998 Medalla Narcís Monturiol al mérito científico y tecnológico de la Generalitat de Cataluña.

¿Cómo funciona la transferencia de tecnología?

Larriba

Dr Josep Lluís Larriba-Pey, director de Data Management Group (DAMA UPC)

La transferencia de conocimiento y de tecnología de la universidad a la empresa, cada vez más aclamada, se puede hacer creando empresas spin-off de base tecnológica a partir del conocimiento generado en la universidad, generando patentes y vendiéndolas a compañías interesadas, o vendiendo tiempo de las personas que tienen conocimiento a las empresas que quieren innovar. Mientras que las dos primeras se crean a partir de conocimiento financiado con fondos de la universidad (profesores de plantilla o becarios de investigación) o públicos (becas o proyectos), la tercera se genera con fondos privados. Por tanto, las dos primeras generan conocimiento que pertenece a la universidad y en la tercera el conocimiento pertenece por contrato mayoritariamente a la empresa que paga la investigación. Las dos primeras generan conocimiento que se publica (artículos científicos y patentes) y que tiene sus vías de reconocimiento.

La tercera vía, donde una empresa contrata la universidad para generar conocimiento, normalmente lleva a no obtener publicaciones y, por tanto, es secreto empresarial. Es muy difícil que este tipo de conocimiento genere artículos científicos y, consecuentemente, reconocimiento para los investigadores. Sin embargo, al igual que las otras vías de transferencia, este tipo de relación genera un conjunto de beneficios para la universidad. Primero, el know-how que adquieren los profesores o las personas contratadas, y que pasa a engrosar el músculo de la universidad. Segundo, la relación con la empresa, que si está satisfecha con el trabajo hecho, tendrá continuidad. Tercero, el currículum para el grupo de investigación, que generará confianza en el entorno y permitirá obtener colaboraciones con otras empresas. Finalmente, los ingresos que la universidad recibirá por esta actividad.

Los beneficios mencionados resaltan diferentes aspectos. Hay personas contratadas que adquieren conocimient o mediante los proyectos y éste pasa a ser parte del valor y potencial de la universidad. Si estas personas no obtienen nuevos contratos acabarán marchando (habitualmente al extranjero) y su know-how se perderá para siempre, y no necesariamente en beneficio de ninguna empresa del país donde se ha invertido para formarlas. Lo han vivido, durante la crisis, muchos grupos de investigación que, con el descenso de contratos, se han descapitalizado de conocimiento, cosa traumática para el país.

Convendría que desde la administración se encontraran las vías para dar estabilidad laboral a las personas que tienen y generan el conocimiento, porque nos da mucha fuerza a la universidad y es el único valor permanente para el futuro. También convendría mejorar el reconocimiento de los investigadores que trabajan en proyectos de alto valor añadido y que tienen difícil publicar artículos científicos. Finalmente, habría que concienciar a muchas universidades y administraciones públicas de los grandes beneficios que esta actividad reporta.

La transferencia de tecnología debería ser mucho más valorada socialmente, para que los investigadores se sientan atraídos a emprender proyectos ambiciosos con empresas sobre retos científicos y tecnológicos significativos, muy apreciados en países líderes. En la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) los investigadores trabajamos muy cerca de las empresas haciendo que el tejido industrial crezca de forma continuada y está dando muy buenos resultados.

Dr Josep Lluís Larriba-Pey director de DAMA UPC, miembro del Centro Tecnológic de la Politécnica, escrito con 19 directores de centros de la UPC

Publicado en El Punt Avui-L’Econòmic el 25/10/2015