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“Luz, más luz”

Las últimas palabras que supuestamente pronunció uno de los padres del romanticismo, el alemán Goethe, me permiten introducir uno de los trabajos en los que he participado como investigadora del Centro de Investigación en Ingeniería Biomédica de la Universitat Politècnica de Catalunya (CREB, CIT UPC).

Iluminar un quirófano es algo complejo, y parece razonable que así sea. Pero los cirujanos demandan mejoras no solo en su instrumental y en las técnicas que utilizan, sino en los espacios donde tiene lugar su trabajo.

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Alicia Casals, CREB UPC

Movido por esa necesidad, el doctor Enric Laporte, un destacado cirujano con un sobresaliente historial de más de 20 años en varios hospitales de Cataluña, se dirigió a los investigadores de CREB para plantearnos un reto: ¿Seríamos capaces de crear un sistema que mejorara la instalación lumínica de los quirófanos de aquel momento?

Se trataba de trabajar en un nuevo sistema más eficiente a partir ciertos requerimientos que nos planteaba el cirujano. Hacían falta distintos tipos de luces, que pudieran enfocar a diferentes puntos en cada momento, con capacidad para adaptarse a las necesidades en la mesa de operaciones de manera que se iluminara en cada momento la zona de interés y con la intensidad necesaria, y que pudieran utilizarse de forma sencilla…

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¿Cómo funciona la transferencia de tecnología?

Larriba

Dr Josep Lluís Larriba-Pey, director de Data Management Group (DAMA UPC)

La transferencia de conocimiento y de tecnología de la universidad a la empresa, cada vez más aclamada, se puede hacer creando empresas spin-off de base tecnológica a partir del conocimiento generado en la universidad, generando patentes y vendiéndolas a compañías interesadas, o vendiendo tiempo de las personas que tienen conocimiento a las empresas que quieren innovar. Mientras que las dos primeras se crean a partir de conocimiento financiado con fondos de la universidad (profesores de plantilla o becarios de investigación) o públicos (becas o proyectos), la tercera se genera con fondos privados. Por tanto, las dos primeras generan conocimiento que pertenece a la universidad y en la tercera el conocimiento pertenece por contrato mayoritariamente a la empresa que paga la investigación. Las dos primeras generan conocimiento que se publica (artículos científicos y patentes) y que tiene sus vías de reconocimiento.

La tercera vía, donde una empresa contrata la universidad para generar conocimiento, normalmente lleva a no obtener publicaciones y, por tanto, es secreto empresarial. Es muy difícil que este tipo de conocimiento genere artículos científicos y, consecuentemente, reconocimiento para los investigadores. Sin embargo, al igual que las otras vías de transferencia, este tipo de relación genera un conjunto de beneficios para la universidad. Primero, el know-how que adquieren los profesores o las personas contratadas, y que pasa a engrosar el músculo de la universidad. Segundo, la relación con la empresa, que si está satisfecha con el trabajo hecho, tendrá continuidad. Tercero, el currículum para el grupo de investigación, que generará confianza en el entorno y permitirá obtener colaboraciones con otras empresas. Finalmente, los ingresos que la universidad recibirá por esta actividad.

Los beneficios mencionados resaltan diferentes aspectos. Hay personas contratadas que adquieren conocimient o mediante los proyectos y éste pasa a ser parte del valor y potencial de la universidad. Si estas personas no obtienen nuevos contratos acabarán marchando (habitualmente al extranjero) y su know-how se perderá para siempre, y no necesariamente en beneficio de ninguna empresa del país donde se ha invertido para formarlas. Lo han vivido, durante la crisis, muchos grupos de investigación que, con el descenso de contratos, se han descapitalizado de conocimiento, cosa traumática para el país.

Convendría que desde la administración se encontraran las vías para dar estabilidad laboral a las personas que tienen y generan el conocimiento, porque nos da mucha fuerza a la universidad y es el único valor permanente para el futuro. También convendría mejorar el reconocimiento de los investigadores que trabajan en proyectos de alto valor añadido y que tienen difícil publicar artículos científicos. Finalmente, habría que concienciar a muchas universidades y administraciones públicas de los grandes beneficios que esta actividad reporta.

La transferencia de tecnología debería ser mucho más valorada socialmente, para que los investigadores se sientan atraídos a emprender proyectos ambiciosos con empresas sobre retos científicos y tecnológicos significativos, muy apreciados en países líderes. En la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) los investigadores trabajamos muy cerca de las empresas haciendo que el tejido industrial crezca de forma continuada y está dando muy buenos resultados.

Dr Josep Lluís Larriba-Pey director de DAMA UPC, miembro del Centro Tecnológic de la Politécnica, escrito con 19 directores de centros de la UPC

Publicado en El Punt Avui-L’Econòmic el 25/10/2015