Archivo de la etiqueta: CD6 UPC

El próximo eslalon

¿Cómo emprender con éxito? La pregunta de la década. Vivimos en una oleada de propuestas que intentan aprovechar la necesidad constante de innovación rápida de diferentes industrias, y descubrir cuáles son los factores de éxito o fracaso es una especie de nuevo grial. De hecho, la pregunta en sí misma es una oportunidad de negocio, como podemos ver dándonos una vuelta por los contenidos relacionados en Amazon o Linkedin, y como lo demuestra el apogeo de coachs y expertos que florecen alrededor del mundo del emprendimiento.

DSC_4503

Dr. Santiago Royo. Director del centro de desarrollo de sensores, instrumentación y sistemas (CD6 UPC)

En el momento en que me dejé convencer para escribir este artículo, la verdad es que pensé que sí podría identificar algunas ideas comunes para orientar algo al respecto de las experiencias de las 11 empresas de base tecnológica (EBT) que hemos creado desde el Centro de Desarrollo de Sensores, Instrumentación y Sistemas (CD6), un centro de innovación en ingeniería óptica y fotónica de la UPC. Sirva el artículo de paso para reivindicar el papel de las universidades de este país como actores clave de la transferencia de tecnología, una función que a veces no es fácil de asimilar tanto interna como externamente.

Los factores clave

Destilar ideas comunes y comprimirlas en este artículo no es fácil, porque la parte común se diluye en la ejecución de cada caso. Sin embargo, creo que puedo identificar al menos cuatro factores clave. Por la naturaleza del Centro, lo que sigue se refiere a EBT que desarrollan equipos físicos. Las EBT relacionadas con ‘software’ tienen diferencias significativas en muchos aspectos.

La primera realidad es que, afortunadamente, se ha popularizado entre los emprendedores el conocimiento de que existe una cierta base teórica para abordar este tipo de proyectos. Muchos conceptos básicos son conocidos y permiten una aproximación bastante menos suicida a la que se tomaba hace 15 años. El marco legal está más claro, los actores saben de qué hablan, y los conceptos a aplicar son bastante comunes, aunque deban ajustarse a cada proyecto. Hay varios libros maravillosos al respecto, destacando en mi opinión ‘Technology Ventures’, de Thomas H. Byers y otros autores. Así que, si algún emprendedor va a jugarse sus ahorros, es bueno que antes lea un poco.

En segundo lugar, el equipo emprendedor lo es casi todo. Un equipo con objetivos personales claros en cuanto a la empresa, complementario en las habilidades técnicas, comerciales y de gestión, e implicado en la nueva compañía a tiempo completo es una baza a favor. Aquí añadiría que hay un clarísimo plus si una mayoría de miembros del equipo ya ha trabajado, o vivido muy de cerca, una EBT. Si uno planea crear una, trabajar en una de ellas primero y aprender en cabeza de otro suena inteligente. Luego, debe crear un equipo equilibrado de gente profesional, fiable y comprometida para su propia EBT.

Después, la evaluación de la oportunidad de negocio y su protección son otra clave. Es decir, la posibilidad de hacer algo que además de rentable sea difícil de copiar, sea por el control de algún punto de la cadena de valor de la industria que se ataca, por la existencia de propiedad intelectual en las tecnologías, o por un ‘knowhow’ específico difícil de replicar. La oportunidad de negocio debe cubrir un problema real de un usuario real dispuesto a pagar por la solución. Hay varias maneras de evaluar la oportunidad, muchas con bonitos nombres en inglés, pero que en muchos casos se reducen a «pregúntale al posible cliente cuanto antes mejor».

Balance equilibrado

Y el otro gran punto a tener en cuenta es, por supuesto, que hay que pagar la fiesta. El objetivo es tener suficientes recursos para aguantar mientras se consiguen ventas recurrentes suficientes como para tener un balance equilibrado. El equilibrio entre fuentes y compromisos financieros es crítico y uno de los principales quebraderos de cabeza que le esperan al emprendedor, a menudo por sorpresa. Es importante identificar todas las vías de soporte disponibles (préstamos participativos, capital propio, preventas) para ajustar el proyecto a sus necesidades de financiación. Se trata de conseguir el dinero necesario para que el proyecto general sea rentable, no más. Ni menos, claro. Aquí es donde una mayoría de EBTs fracasa. Casi siempre se tarda más en vender de lo que se cree a la hora de planificar.

Sin embargo, y a pesar de tanto consejo, la certeza principal es que en el mundo de las empresas de base tecnológica no hay certezas. La física no puede predecir, más que estadísticamente, dónde caerá la hoja de un árbol, aunque se conozcan por separado todas las leyes implicadas. Cuando hablamos de EBT, igualmente, las leyes generales pueden ser conocidas, pero cada caso es diferente (en cuanto al mercado, la internacionalización, al canal de venta, el equipo…), y solo se puede obedecer las leyes generales, cuantificar la probabilidad de tener éxito… y dejar que la hoja caiga dentro del círculo esperado. Eso sí, disfrutando de la bajada con toda su adrenalina, aprendiendo tanto como se pueda para superar mejor el próximo eslalon.

Dr. SANTIAGO ROYO. DIRECTOR DEL CENTRO DE DESARROLLO DE SENSORES, INSTRUMENTACIÓN Y SISTEMAS (CD6 UPC)

Artículo publicado en El Periódico el 31 de mayo de 2016

Tecnología a medida

Santiago Royo

Dr. Santiago Royo, director de CD6 UPC

En las últimas décadas se ha producido un desarrollo magnífico en la función de transferencia de conocimiento de la universidad pública al mundo de la empresa. Sin embargo, esta actividad se ha ido dificultando en los últimos tiempos, como puede apreciarse en los indicadores de muchas universidades. A pesar de todo -nos lo reconocen muchas de nuestras empresas colaboradoras-, los grupos de investigación universitarios seguimos generando nuevas soluciones orientadas a resolver problemas reales.

Somos grupos con conocimiento tecnológico y capacidad para detectar oportunidades a partir del contacto con problemas reales y complejos. ¿Por qué, entonces, en algunos casos se ha reducido esa actividad, mientras que en otros se ha incrementado? El número de factores es grande. Destacan, en lo negativo, la falta de incentivos para la transferencia de conocimiento en la carrera académica y la complejidad de la gestión interna en instituciones con ritmos propios.

Otras situaciones menos estructurales tampoco ayudan. La primera es la crisis económica, que ha limitado la capacidad de inversión de las empresas en I+D+i, una actividad de riesgo que se mitiga mediante ayudas y créditos; éstos, a su vez, se han reducido radicalmente al mismo tiempo que se incrementaba la complejidad de su gestión. Adicionalmente, han aparecido nuevos actores en el sistema, con una elevada capacidad financiera y una gobernanza diferentes, que se han ido posicionando en el mismo espacio. Bienvenida sea esa competencia, que nos hará mejores a todos, pero está claro que como universidad pública debemos adaptarnos para competir en este nuevo marco.

Es cierto también que hay universidades que están creciendo anualmente en su actividad de transferencia. Son las que están aprovechando la oportunidad de trabajar en grupos especializados más grandes, que realizan proyectos interdisciplinarios captados por unidades específicas que realizan una promoción activa ante las empresas y que actúan como unidades de presión ante las administraciones, como hacen el resto de actores del sistema.

La capacidad y experiencia de los grupos de investigación se encargan del resto. Las universidades públicas han de mantener sus funciones de creación y transferencia de conocimiento, pero para ello necesitan encontrar soluciones que les permitan competir. A nuestro tejido empresarial le va el futuro en crear valor solucionando problemas reales a través de un conocimiento científico que se financia con los impuestos de todos.

Dr. Santiago Royo ,director de CD6 UPC,
miembro del Centro Tecnológico de la Politècnica,
escrito junto con 19 directores de centros UPC.

Publicado en Expansión el 5/11/2015